domingo, 15 de abril de 2012



UNIVERSIDAD Y AUTONOMÍA

SIGLO XXI

 DR. JORGE I. CISNEROS
 PANAMÁ

2012
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Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá.  Pero quizás desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al final y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.

EDUARDO GALEANO
“Ser como ellos.”
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PRESENTACIÓN

Este trabajo está centrado en el análisis del futuro de las universidades públicas en un medio concreto que es nuestro país. El sentido de este análisis, es plantear, sin ambages, que las universidades públicas, en países como el nuestro, desprovistas de la fuerza que les garantiza su autonomía son organismos frágiles, en tránsito de descomposición y aniquilamiento y que en estos momentos, está en marcha un proyecto que apunta directamente a la descalificación de la más importante institución de la vida nacional, en situación que la sociedad mira indiferente los hechos, desconociendo las graves consecuencias que esto implica para el perfeccionamiento del Estado Nacional.



EL PASADO

Las Escuelas Brahamánicas asiáticas, son consideradas como las primeras y más antiguas universidades del mundo. Sus estudiantes se formaban en filosofía,  religión, matemáticas, astronomía e historia. Sesgados por nuestra visión parcial del universo no solemos dar la merecida relevancia a los aportes de la India y China, aún cuando estas culturas brindaron notables contribuciones al desarrollo del pensamiento científico. Los chinos en particular tuvieron carreras académicas formales y largos procesos  educativos para la formación del aparato administrativo del Imperio.  Tal como cita Tünnermann Berheim, entregaron doctorados – kiu – en letras clásicas, derecho, caligrafía, matemática y medicina.[1]

Los antecedentes que sirvieron de sustento al desarrollo de las universidades – en forma cercana al concepto tal cual hoy lo apreciamos  -  encuentran en el mundo greco romano las raíces primarias y el principio motor que con el tiempo sustentará su existencia, esto es, el espíritu de búsqueda de la verdad y el ansía de conocimiento, que al menos en la visión de la educación superior siguen siendo los fundamentos y razón de ser de las mismas.

En España la presencia de la cultura árabe, contribuyó con  bibliotecas, observatorios y vastos conocimientos en matemática, medicina, farmacia y literatura, entre otros extensos territorios del conocimiento, a forjar y decantar el florecimiento de nuevos territorios de la ciencia y el saber.

En el Cairo, Egipto, la mezquita  de El – Azhar, fundada en el año de 988, es la más antigua institución de educación superior islámica que continúa funcionando, especializada en teología, gramática, retórica, lógica, derecho y letras.

En Europa, las universidades florecen a partir y después del siglo XI,   las fechas reconocidas son: Bologna en  el siglo XI, la Sorbonne de París, en el siglo XII, Oxford, en el siglo XII, Salamanca y Cambrigde en el Siglo XIII.   Casi simultáneamente con el nacimiento de las universidades se adscribe al ser esencial de las mismas la autonomía universitaria, su origen se remonta, en circunstancias muy diversas a un sentido de protección hacia los estudiantes.

Dos historias, casi leyendas, ubican el escenario, la forma y el contenido del nacimiento de las universidades a intereses diversos, factores éstos que condicionaron la organización y estructura primaria de las mismas. La universidad italiana surge como producto del interés de jóvenes estudiosos cuyos anhelos superaban el límite de los conocimientos propios de la época.  En el caso de la universidad francesa, ésta surge del poder eclesiástico, como proyecto de ilustración para la elite eclesiástica consciente de la importancia que en el futuro próximo desempeñaría la educación en la perdurabilidad del poder.

Bologna nace como consecuencia del apetito de conocimiento de la juventud europea, por adentrarse en los conceptos que se esparcían en un mundo con creciente interacción. Fue particularmente el interés en el campo del Derecho, más allá del canónico, lo que movilizó estos contingentes, en momentos en que se cimbraban las rígidas estructuras feudales y se avizoraba el advenimiento de nuevas eras, basadas en proposiciones nuevas, que planteaban hipótesis nuevas sobre las relaciones entre los seres humanos y menor concentración en el conocimiento del derecho divino.

La Universidad de París, nacida en el seno de las congregaciones monásticas, surge al amparo de la inteligencia de la Iglesia, que con extraordinaria visión prospectiva prevé la necesidad de educar a sus cuadros superiores. Tuvieron como nicho los conventos y las catedrales, sin lugar a dudas, parajes propicios a la meditación y el estudio.

No obstante sus diferentes raíces, el fortalecimiento de las universidades tuvo como sedimento de su desarrollo a la autonomía universitaria.  En estos dos sistemas, casi antitéticos, la concepción autonómica fue vital para que pudiera germinar y evolucionar el sentido del ser universitario. 

En Bologna, nace la primera institución de educación superior como producto de la preocupación de la juventud estudiosa europea, que en aras de profundizar el conocimiento del Derecho Romano, auspiciaron y patrocinaron este  nuevo nivel de la enseñanza y del conocimiento, producto de la vocación de estudiantes provenientes del corazón de la Europa  medieval. Sometidos a la presión y abusos de hospederos, sentaron, no sin luchar,  las bases para que mientras detentaran el rango de estudiantes, gozasen del fuero autonómico que les permitía vivir al amparo de las leyes propias del lugar de origen.

En otro orden, el primer antecedente histórico de defensa de la autonomía, como expresión de lucha por un derecho,  tuvo lugar en París en el año de 1229. El hecho es que debido a un incidente protagonizado por estudiantes de la Universidad de París, en una taberna del boulevard Saint Marcel, los jóvenes por razones de ebriedad y escándalo fueron expulsados del local por otros parroquianos.  Los estudiantes indignados, retornaron al día siguiente, saqueando y destruyendo la cantina de la discordia.  El final de la refriega concluyó, con la intervención de las autoridades, hubo muertos y heridos y el final se concluyó  con una  declaración de huelga, - situación prohibida -  si recordamos el origen de las denominadas universidades catedralicias francesas, que además se desempeñaban dentro de un escenario monárquico.

La huelga se extendió por dos años, lo que significó la migración de estudiantes y profesores hacia otras regiones de Francia e Inglaterra. El conflicto cesó cuando el Papa Gregorio IX, acordó el derecho de los universitarios a declararse en huelga en caso de conflicto con la autoridad civil. 

La larga duración del conflicto radicaba en que el fondo del problema, estaba planteado por el enfrentamiento, entre la autoridad eclesiástica y el poder real.  Y tal como señala Gustavo Fernández Colón: “... la autonomía de la Universitas medieval era básicamente un fuero defendido por la intelligentsia clerical, para garantizar su supervivencia en medio de la cruenta batalla entre el poder divino de los papas y el poder  mundano de los reyes.” Este enfoque, aclaramos nosotros, se aplicaba al caso específico de la situación que vivían las universidades clericales, divergente por el contrario de las universidades surgidas por motivaciones estudiantiles, donde el cuerpo docente y las autoridades dimanaban de la potestad que le confería a los alummni su fuerza organizadora.

Al amparo de los intereses de la iglesia y del poder económico de las emergentes clases burguesas, el contenido del sentido del ser de la autonomía progresivamente se iría adocenando, hasta que con el advenimiento del renacimiento y el pensamiento de la ilustración se crearían las nuevas vetas que alimentarán hasta el presente la riqueza del concepto.

En sus orígenes, la autonomía fue un fuero, concebido y desarrollado para preservar y velar por derechos sustantivos de clases y grupos específicos. Con el devenir de los tiempos se constituiría  en el aspecto esencial del ser de las universidades, al acumular el desarrollo evolutivo que hizo consustancial la libertad de pensamiento, la búsqueda de la verdad y la confrontación como métodos fundamentales para avanzar por las avenidas que la ciencia y la investigación han señalado como ineludibles. Los antecedentes son tan extensos, como intensos, baste citar que ya en 1277, le mereció fuerte repulsa monástica a un profesor de Artes sustentar que: “La autoridad no es suficiente para afirmar la verdad.”  

En los anales se recoge que la organización de las universidades españolas consagraba el principio autonómico, expresamente reconocido por Alfonso El Sabio, en las Siete Partidas,  que consagró las autonomías de las universidades de Salamanca y Alcalá de Henares. Cuando se crearon  las primeras universidades en el período colonial en América, estas recibieron los beneficios consagrados en las Siete Partidas.

HISTORIA DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR EN AMERICA LATINA

La educación superior en América Latina es consecuencia del proceso de colonización que se vivió con la presencia española, años después del encuentro de culturas, los conquistadores y la iglesia, hacen evidente su interés por homogeneizar la cultura de la región, al mismo tiempo que creaban centros de formación que garantizaran a los hijos de los originales españoles el conocimiento requerido para institucionalizar y legitimar la presencia del reino de España. La educación superior viene de la mano de órdenes religiosas. Los dominicos, agustinos y los jesuitas. [1]  Son los dominicos quienes en 1538, fundaran en La Española, hoy República Dominicana, la primera universidad en nuestro continente, ésta surge avalada por el Papa Paulo II, reproducía la ya prestigiosa Universidad de Alcalá de Henares, crean también la Universidad de San Marcos de Lima en 1551 y la de Charcas en 1552. 

La Compañía de Jesús, en el siglo XVII,  contribuyó con la fundación de las universidades de La Plata, Santa Fe, Guatemala, Santiago de Chile, Córdoba, Quito  y la Universidad del Cuzco,  Por su parte, los Agustinos, fundan la Universidad de San Fulgencio de Quito y la de San Nicolás de Santa Fe, en 1586 y 1694, respectivamente. Existía jurídicamente la posibilidad de disponer de autorización regia, esto es de los reyes o Pontificia, del Papa. Solía ser frecuente que las instituciones contaran con el doble beneplácito.

Las Universidades se extendieron por el continente americano, con una marcada tendencia en sus inicios a reproducir el modelo de las universidades españolas, se preocuparon de la enseñanza de la Teología, el Derecho, la Filosofía fundamentalmente.

En el caso de Panamá, también la educación estuvo firmemente orientada por la Iglesia, alimentada por su voluntad de catequizar y divulgar la doctrina cristiana. Los jesuitas fundaron en 1575, una escuela de enseñanzas fundamentales, igualmente fueron los jesuitas quienes plantearon  por vez primera en el Istmo una institución de nivel superior. La cristaliza en la primera década del siglo diecisiete, cuando bajo la



La historia de la humanidad ha sido y es un tránsito permanente hacia el perfeccionamiento de sus instituciones.  En el caso específico de las universidades, ellas han sido refugio, asilo y en muchos el exilio para intelectuales y políticos perseguidos.

Con los rápidos cambios en todos los ámbitos de la vida económica, política y social la transformación de la autonomía, ha sido un imperativo categórico, que además de exigir su adecuación a las circunstancias históricas propias de cada momento y coyuntura, ha obligado a través de los tiempos a una redefinición, que en la mayoría de los casos y en sentido estricto ha consistido en la tarea de elaborar una nueva visión de la relación Universidad – Estado.

En los casos contrarios, cuando la Universidad se ha encerrado en si misma y no ha sido capaz de entender sus circunstancias, germinando sus necesarias transformaciones, se yergue como un anatema el Manifiesto de Córdoba: “Los cuerpos universitarios celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercida en contra de la ciencia.”  Cuando la Universidad no es coherente con los objetivos más depurados de su entorno social,  entrará en estertores y salvo una profunda reingeniería,  agonizará y sucumbirá de espaldas a su responsabilidad.

En otros casos son las sociedades, más bien sus gobiernos,  los que consideran a las universidades entes perturbadores, ya que la capacidad crítica y contestataria de estos centros se yergue como un ente molesto cuya voz debe ser aplacada.

En la medida que el compromiso pulse y capte las necesidades sociales, las universidades además de cumplir, con la ciencia, la investigación y la docencia serán agentes de cambio y avanzada del desarrollo.   Cuando los universitarios por el contrario se desmarquen de los auténticos intereses de la sociedad, su presencia o ausencia será irrelevante para el proyecto nacional.

En nuestro país la mano intervensionista se cierne nuevamente  sobre el futuro de las universidades, el Gobierno con el dogal presupuestario apremia el grado de sus libertades y sectores empresariales abogan por aumentar la matrícula, mientras otros voceros del sector privado con menos recato prácticamente conminan a una directa intervención.

La escalada contra las universidades públicas, ha sido recogida por rectores de las universidades latinoamericanas.  Documentos varios como la Carta de Porto Allegre y el que suscribieron contra el neoliberalismo reconocidas autoridades académicas, advierten de los riesgos que enfrentan las universidades públicas.

Con el apoyo directo o el silencio cómplice de muchos gobiernos el futuro de las universidades públicas es incierto. El problema se agrava ante la presencia de un cuerpo docente prisionero de los propios esquemas de permanencia e inamovilidad, cauteloso frente a otras luchas que no sean las reivindicativas, que además es constantemente intimidado por la posibilidad real del cierre de las universidades y la clara conciencia de hacer frente a un desempleo creciente. En muchos de nuestros países la realidad económica de los docentes universitarios ha ido progresivamente depauperando sus condiciones de vida, con limitaciones tales que el estudio y la formación permanente, se constituyen en ideales inaccesibles

El estudiantado, por otra parte, vive circunstancias particulares.  Sumidos en un medio donde está ausente el debate ideológico, y la corrupción y el oportunismo no superan algunos titulares,  viven y vivimos rodeados de partidos políticos orientados hacia el poder por sus beneficios inmediatos. La oferta de está juventud está saturada de  hedonismo.  El consumismo y la ostentación se asocian a logros personales. En el intramuros universitario, la carencia de auténticos maestros, suplidos  por docentes que repiten sin convicción programas añejos, cuyo respaldo son fotocopias de textos empobrecidos por el rigor del tiempo, burocratizan el aprendizaje, con folletos programados y exámenes que simplifican la evaluación, docentes formados al apuro de las demandas masificadas.

Existen fuerzas emergentes, las universidades buscan y aprecian con orgullo las voces de maestros, muchos de ellos muy jóvenes, dispuestos a luchar por enseñar a pensar, tratando de crear mentes críticas, innovadoras y creativas, que alientan el cambio como forma de vida.
El momento es crítico y como en toda crisis, las opciones están reconocidas, o bien negamos su existencia, actuando como si nada pasara, hasta que los hechos nos arrojen sus devastadoras consecuencias.  Podemos como segunda alternativa, paliar y maquillar la realidad para que esta pase inadvertida, como el personaje del Gatopardo, que cambiaba con el cambio para que nada cambiara o por el contrario, asumimos la intensidad de la crisis, la enfrentamos, construimos las nuevas alternativas, asumimos las consecuencias de optar por ellas, aprendemos de los errores del pasado y nos dedicamos a forjar las estrategias que el mañana requiere. 

Estamos en un momento crucial, es el momento en que la Universidad debe hacer suya la voz de la juventud cordobesa para repetirse a sí misma,  Si ha sido capaz (la Universidad) de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.”

Desde hace muchos años, por razones diversas, algunas de origen interno, otras consecuencias de cosmovisiones,  nacidas en el seno de las corporaciones mundiales de financiamiento, las universidades públicas están siendo sofocadas. El método es universal, estrangulamiento económico y un agresivo y despiadado ataque a la imagen social, en especial al carácter popular, abierto y masivo, que es el real fundamento de las universidades estatales. 

Debemos entender que no estamos frente a un combate tardío con la sociedad y menos aun con la universidad, muy por el contrario, estamos abandonando la retaguardia, consciente que esa posición languidece nuestra condición didáctica y nos aleja de la agenda protagónica que nos fue entregada para atender las necesidades de quienes padecen las incurias de la pobreza, el hambre, el analfabetismo, las enfermedades,  la falta de techo y sobre del derecho a educarse para ser realmente arquitectos de sus propios destinos.

Estamos viviendo el momento de crecientes privatizaciones, para que ello continúe es necesario que florezca el desencanto del sector público, para seguir fortaleciendo  este proyecto, la Universidad pública debe ser satanizada, la seguridad social vilipendiada, es necesario que se estigmaticen instituciones que históricamente han sido parte de la confianza y fe en el incierto futuro de los sectores más desprotegidos.  Se repite la estrategia, exitosa en otros medios, de convencer que la salud del Estado, puede depender en gran parte del traspaso de los bienes y servicios del Estado hacia sectores privados, no importa si son trasnacionales o capitales criollos.

El embate contra las universidades públicas, tiene ángulos diversos, por una parte los gobiernos entienden que la capacidad de financiar las mismas ha tocado el techo de su capacidad y que debe ser responsabilidad de cada una de estas instituciones, sino cubrir la totalidad de su gestión, absorber al menos parte significativa de sus costos. Por otra parte, la descalificación de las universidades públicas desalentará su convocatoria, al mismo tiempo que alimentará las aulas que las universidades privadas, absorberán con vocación fenicia, sobre el sentimiento honesto y sincero de quienes entienden que el conocimiento es la única y real herramienta del futuro.

En este estado de cosas, la autonomía sigue siendo parte de la esperanza que tienen las universidades públicas de pervivir en un Estado que se desentiende de sus responsabilidades para y con la educación superior. El asalto que se ha emprendido contra esta institución fundamental de la Universidad, se constituye en un golpe demoledor que con toda intención apunta a hacer más frágil y vulnerable su misión. Por ello, bien vale que en el presente recordemos lo que el pasado nos legó, impidiendo en algo que la amnesia nos sirva de pretexto para no defender lo que merece ser defendido y honrado.

AMÉRICA LATINA

Por su impacto reciente la Reforma Universitaria, que tuvo como epicentro la ciudad de Córdoba en Argentina, el año de 1918 es considerado como el hito de la transformación profunda de la universidad latinoamericana.

El Manifiesto de Córdoba dicen en uno de sus párrafos iniciales que  las Las Universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y – lo que es peor aún – el lugar en donde todas las formas de tiranizar y insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil.”  

El radical cuestionamiento no hace concesión alguna a la universidad y a la sociedad de la cual era parte.  Por ello, el grito de la juventud cordobesa se asumía a sí  misma. La Universidad, transformándose quiere transformar, Córdoba significó la oportunidad extraordinaria de que su toma de conciencia, conllevaba una praxis social activa que derivó en un diálogo con sus propios colectivos, al mismo tiempo que por razones políticas significó una dura confrontación con la mayoría de los gobiernos latinoamericanos.

Los ideales de Córdoba alimentaron la ideología de la juventud universitaria inyectada por una proclama que bebía del pensamiento, ente otros, de Alfredo Palacios, Gabriel del Mazo, Germán Arciniegas, Luis Alberto Sánchez, cuyos discursos alentaban el compromiso de cambiar un estado de situación cuya raíz nacía contaminada por  la carencia de valores, el anacronismo, la extemporaneidad, el oportunismo y la ausencia de compromisos para con su realidad.

Córdoba fue la matriz del Primer Congreso Nacional de Estudiantes, padre a su vez de la Federación Universitaria Argentina, fundada el 11 de abril de 1918. Los estudiantes del Primer Congreso, inspirados en el Movimiento Reformista se dieron cita en Córdoba, con la participación de tres universidades nacionales; Córdoba, La Plata y Buenos Aires y dos provinciales; Santa Fe y Tucumán.

Este Congreso sancionó las Bases de la organización de las universidades, estableció además, las bases de la Reforma de la Nueva Universidad cuyos puntales eran: la coparticipación estudiantil y la vinculación de los graduados al sistema del gobierno universitario. El gobierno de las universidades, exclusivo hasta ese momento, de los profesores, reconoció el cogobierno como el nuevo modelo de conducción.

Los puntos fundamentales que complementaron el ideario reformista aprobados en el Congreso fueron:
q  Asistencia Libre
q  Docencia Libre
q  Periodicidad de las cátedras
q  Publicidad de los actos universitarios
q  Extensión universitaria,
q  Ayuda social a los estudiantes
q  Sistema diferencial para la organización de las universidades
q  Orientación social de la Universidad

Quedó establecido en el Congreso que en virtud de la orientación social que propiciaba la Nueva Universidad, ésta tendría entre sus obligaciones la de afrontar por medio de sus Facultades el examen de los grandes problemas nacionales.

Las bases como se conocieron los objetivos acordados en el Primer Congreso de la F. U. A. (Federación  Universitaria Argentina), triunfaron y con el apoyo del Presidente Irigoyen se dictaron los nuevos estatutos reformistas para las universidades que participaron en la reunión estudiantil.

Gabriel del Mazo, en conferencia dictada en 1956, bajo los auspicios del Centro de Estudiantes de Derecho en Buenos Aires, integraba el problema de la Reforma con la Autonomía, cuando precisaba: “La Autonomía: Desde el Congreso de Estudiantes de Córdoba en 1918, vióse con claridad, hasta que punto el problema de la autonomía universitaria está relacionado por una parte, con la índole política del Estado; por otra parte, con la integración de la Universidad por todos sus miembros.”

Después del Manifiesto, las Universidades en América Latina contagiadas por el proceso cordobés gestaron sus propios movimientos. La Universidad de San Marcos de Lima al igual que la de Montevideo iniciaron sus gestas en 1919, la Universidad de Chile en 1920, Medellín en 1922, Bogotá en 1924, La Habana en 1924, Paraguay en 1928, México en 1929, Puerto Rico en 1933, Costa Rica en 1932, Ecuador en 1937, Venezuela en 1939, Brasil en 1946, Guatemala en 1945 conjuga sus aspiraciones con la revolución popular de 1945. En Panamá el movimiento reformista retardará su presencia hasta la década de los sesenta.

Una a una las universidades latinoamericanas se sumaron al llamado reformista y en algunos casos, como lo fue en Perú, el movimiento reformista creó las bases de un liderazgo nacional en la persona de Víctor Raúl Haya de la Torre y su Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA.)El fenómeno de los líderes estudiantiles universitarios proyectados al escenario nacional repetirá a lo largo de la  historia, tanto criolla, como internacional,  en muchos casos sin ningún crédito  para la historiografía universitaria.

Las luchas reformistas no se dieron, en la mayoría de nuestros países, en los claustros, por el contrario tomaron las calles y significaron fuerte confrontación con gobiernos de turno, este hecho fue mayormente significativo, debido al creciente auge de las dictaduras que caracterizaron la vida de los estados latinoamericanos en las décadas posteriores a los años cincuenta. La represión obligó a una reevaluación de la concepción que el movimiento estudiantil tenía al respecto, sobre todo en el caso donde los regímenes autoritarios eran militares, ajenos por entero a la valoración respetuosa de los centros universitarios, al reconocimiento del cuerpo docente, al derecho a la vida de los dirigentes estudiantiles, junto a un profundo  y radical  menosprecio a la intelectualidad como método de vida.

Las décadas de los sesenta y setenta, fue trágica para la vida universitaria, las universidades argentinas, brasileñas, uruguayas, chilenas, fueron intervenidas, muchos de sus dirigentes fueron  diezmados y una importante pléyade de investigadores, científicos y docentes, migraron para salvar sus vidas. La diáspora que aún no culmina,  cuya secuela de crueldad, tortura, exterminio y destrucción de familias están demasiado frescas para cicatrizar. Vale también decir que también fue un momento de esperanza, fue el tiempo de Prohibido Prohibir y de Soñar el sueño imposible. Fue un tiempo de juventud.

“Se trata – dirían Patricio Dooner con Iván Lavados – de una historia que se inicia en las postrimerías de la década del 60, en los momentos en que un estallido de juventud desencadenaba un clamor que recorrió el mundo. Era un clamor de protesta que surgía de un movimiento estudiantil con miles de voces que se expresaba en todas las latitudes y cuestionaba todo lo vigente.
Era la época del auge de la “nueva izquierda” en las universidades de Europa Occidental y Estados Unidos. En las aulas y los pasillos se leía a Sartre, a Marcuse y a Wright Mills; se seguía con atención a Cohn - Bendit. América Latina vibraba con el sismo de Medellín. Recobraba actualidad y se volvía a estudiar el manifiesto liminar de Córdoba...

Era un movimiento de negación buscando una afirmación. Era un no a la guerra de Vietnam, un no a la sociedad de consumo, un no a la discriminación racial pero, muy fundamentalmente un rechazo a los más inmediato, al propio hábitat, a la institución universitaria que se consideraba gastada. Era una búsqueda de algo nuevo pero de un algo nuevo que para muchos era relativamente difuso y sobre el cual no existía un consenso claro. Era un momento en que el idealismo y la generosidad de los más se confundía con el oportunismo de los audaces de turno. Trigo y cizaña crecían juntos y la polémica entre los reformistas y los sostenedores del status quo era ponzoñosa y apasionada.”

Nada recoge mejor el momento que la frase de Methol Ferré; “Ahora se dice que hay un cierto cansancio, pues hubo muchos años de vértigo. Quizás sea cierto para los apresurados y para los lerdos que, por lo común, son gente de poca fe. Quizás sea el fin de expectativas desmesuradas, ingenuas, mágicas, ahistóricas, tanto de los falsos profetas como de falsos custodios, pues las dos cosas hemos tenido.”

Los años cincuenta y sesenta estuvieron teñidos del beligerante enfrentamiento entre el socialismo y el capitalismo.  Las juventudes, con sus particulares caracterizaciones reprodujeron a lo interno de las casas universitarias, el espectro ideológico de la época, se hizo de uso  común las adjetivaciones de bolcheviques, mencheviques, trotskistas,  maoístas y la izquierda, conoció nuevas fronteras de división y en algunos casos se coronó este hecho vinculándose a los proyectos nacionales, como ejemplo notorio, están las  fracciones de las juventudes peronistas, en cuyo seno se dio cabida todas las formas del pensar político.

En la década de los sesenta y posteriores se consolidaron o emergieron nuevas dictaduras en América Latina.   Bendecidas por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, la mayoría de éstas se ampararon en el discurso anticomunista, la seguridad continental, la seguridad nacional y la defensa de los derechos occidentales.  Fueron fuertemente apoyadas para impulsar el poderío militar y el desarrollo castrense.  

La Escuela de las Américas, el Departamento de Estado y la Agencia Central de Inteligencia, se apersonaron para vigilar de cerca el creciente auge de las autocracias.  La dureza de la represión militar dio auge a los movimientos que emergieron en busca de libertad y las universidades, como otras veces, fueron terreno fértil para abonar la semilla contestaria.

Surgen en América Latina, en el seno de las instituciones universitarias públicas, movimientos vinculados con los proyectos de fuerzas revolucionarias, de carácter nacional, organizaciones como Sendero Luminoso en Perú, Los Montoneros y el Frente Revolucionario del Pueblo en Argentina, Los Tupamaros en Uruguay,  El Frente Farabundo Martí en el Salvador, Los Sandinistas en Nicaragua, MIR en Chile,  la guerrilla en Colombia, Hugo Blanco en Venezuela, entre otros, conmocionaron la estructura de la militancia política en las universidades alejando a la juventud de los proyectos meramente universitarios, comprometiéndolos por el contrario con estrategias que apuntaban hacia la confrontación con los gobiernos dictatoriales y la búsqueda de un modelo de Estado de mayor equidad y solidaridad con los desposeídos.  En esto, indudablemente, la revolución cubana y el carisma de Fidel Castro y el Ché, irradiaron una aureola que marcó una fuerte impronta en las décadas

La autonomía universitaria fue constantemente enarbolada por estudiantes y profesores, sin embargo, los militares hicieron caso omiso y era escena frecuente, ver irrumpir en los claustros con desparpajo a estas fuerzas, que en nombre de la Ley, la Autoridad, la Moral y el Orden Social, aprisionaron, hirieron y mataron miles de jóvenes.

Luego comenzaron a caer una por una estas dictaduras, algunas como la del General Augusto Pinochet, significaron un largo letargo de la democracia y junto a las dictaduras de Argentina, Uruguay y Paraguay, significaron episodios cuya crueldad aun conmueve.

El mundo siguió su curso, a la guerra fría sobrevino la unípolaridad, el discurso dialéctico abrió paso a los nuevos conceptos de la globalización, tan determinista, según sus epígonos, como ineluctable. Un nuevo fantasma empezó a recorrer el universo y junto a la caída del muro de Berlín muchos enterraron ideales y arriaron las banderas de cambio.

Este nuevo giro ideológico trasvasó el cuerpo de la juventud universitaria, en algunos casos, al diluirse la confrontación entre las categorías de uso comprendidas entre el tradicionalismo bolchevique y el antiimperialismo colonialista, no se abrieron nuevas opciones y un letargo insumió el activismo estudiantil.  La bipolaridad encarnizada en las universidades y sus estudiantes, cedió paso a formas amorfas de anarquismo ideológico o a extremismos fundamentalistas, la mayoría de ellos asentados en interpretaciones muy peculiares del legado de Ernesto Guevara de la Serna y de los procesos revolucionarios, sobre todo de grupos que agitaron la confrontación contra regímenes totalitarios en América Latina.



[1] Tünnermann Bernheim, Carlos: LA UNIVERSIDAD LATINOAMERICANA ANTE LOS RETOS DEL SIGLO XXI. Colección UDUAL. Primera Edición. México, 2003.


[1] AVILA, VICTOR: La Universidad Latinoamericana: Orígenes y Antecedentes. Ediciones Formato 16. Panamá 1985.

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